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EL ROSTRO DEL “SANCHISMO” EN HUELVA: AMENAZAS E IMPOSICIONES

La gran mayoría de los que se llaman a sí mismos sanchistas en Huelva, hasta hace bien poco renegaban del actual Secretario General de los socialistas. 

Detrás de estos nuevos sanchistas, que nada tiene que ver con aquellos militantes que contra el aparato pidieron el regreso de Pedro Sánchez y el empoderamiento de las bases socialistas, está un movimiento de supervivencia puro y duro.

Movimiento que lidera desde la sombra Mario Jiménez y el ex Secretario General de Huelva, Ignacio Caraballo, que se vioobligado a dimitir por un presunto caso de acoso sexual.

Los métodos que utilizan para controlar el partido en Huelva, desde la Diputación, son los mismos que han utilizado siempre, pero con una nueva etiqueta, ahora son “sanchistas”.

Solo cabe recordar el papel que jugó Mario Jiménez en la Gestora que se eligió aquel 1 de octubre en el famoso Comité Federal en el que dimitió Pedro Sánchez, en la que fue el portavoz de la misma.

Muchos militantes se muestran muy recelosos ante esta burda operación. Precisamente son estos recelos los que hacen que la Gestora en Huelva no sea capaz de garantizar la mayoría en un futuro Congreso Provincial, que elija al líder de los socialistas onubenses.

No deja de ser curioso que los mismos que piden un adelanto de las primarias andaluzas para elegir “ya” al candidato de los socialistas en las próximas elecciones autonómicas, aunque ni tan siquiera estén convocadas, sean los mismos que impiden que se celebre el Congreso Provincial de Huelva que normalice la situación del partido, que está dirigido en estos momentos por una Gestora impuesta desde Madrid sin consenso ninguno.

Se ha recurrido desde la Gestora a las prácticas más criticadas por los militantes socialistas; las amenazas, los ceses, los despidos, etc. 

Estas prácticas se han ido poniendo en práctica desde el principio, con el único afán de controlar el partido en Huelva.

Los primeros movimientos los puso en práctica, Ignacio Caraballo, cuando aún era el Presidente de la Diputación y Secretario General de los socialistas onubenses.

El 8 de octubre del año pasado, cesó como Vicepresidentes de la Diputación a Pepe Fernández y Ezequiel Ruíz. Al primero lo dejó sin funciones en la práctica y al segundo lo relegó al Área de Medio Ambiente. Movimiento que sólo respondía a interés orgánicos y de control de la institución que presidía.

Estos ceses crearon un gran malestar entre un número muy importantes de alcaldes, contrario a esas formas de hacer política.

Ese malestar quedó patente al día siguiente. Para ese día había convocada una reunión con los alcaldes de la Cuenca Minera. A la que los alcaldes de la zona se negaron a asistir por no entender ni compartir los ceses que se habían producido en la Diputación. Ese malestar quedó plasmado en un manifiesto que hicieron público.

Quizás lo más prudente hubiese sido aplazar hasta otro momento la reunión en la comarca, pero no fue así, desde la Diputación se optó por presionar y amenazar a los alcaldes. Tras estas presiones finalmente se celebró la reunión a la que asistieron solo dos de los sietealcaldes convocados.

El nerviosismo de Ignacio Caraballo crecíapor momentos, sabedor que se estabajugando su supervivencia política, por lo que no podía dejar pasar esta rebelión sin tomar medidas drásticas.

Esa misma tarde se le comunica el cese como asesor de la diputación a José Antonio Ayala, actual alcalde de Nerva, uno de los alcaldes que se negó a asistir a la reunión.

Más tarde, se produce una nueva llamada, en este caso a Azahara González de la localidad minera de Rio Tinto, trabajadora del partido, para comunicarle también su despido. Una nueva represalia más, que en este caso se ceba con una trabajadora que nada había tenido que ver con lo sucedido, pero que pagaba los platos rotos por ser su alcalde uno de los cincos que se negaron a asistir a la reunión.

Toda una demostración de poder por parte de Ignacio Caraballo.

Pero los días de Ignacio Caraballo al frente de la diputación y el partido estaban tocando a su fin.

El 30 de octubre acosado por la justicia se ve obligado a dimitir. Ese mismo día intenta hacer una última jugada a la desesperada, convocar una reunión urgente de la dirección socialista para nombrar como sustituta a su delfín María Eugenia Limón.  Esta reunión no llegó a celebrarse porque al dimitir como Secretario General quedaba cesada su ejecutiva al completo.

Su dimisión como Presidente de la Diputación, llevaba también aparejada el cese de todos los asesores de la misma.

Tras la caída en desgracia de Ignacio comienza la carrera por hacerse con el poder en la Diputación. 

Dos candidatos optan a la Presidencia, María Eugenia Limón, la candidata continuista que deseaba Mario Jiménez y el propio Ignacio Caraballo para mantener el control de la Diputación y Ezequiel Ruiz que consigue el respaldo de la mayoría de alcaldes y portavoces de la provincia.

Consciente de la rebelión de las bases del partido en Huelva, Mario Jiménez empieza a mover ficha de forma desesperada. Pide la intervención de la ejecutiva federal para que imponga una Gestora en Huelva a cambio de su apoyo incondicional a lo que se diga desde Madrid.

Fruto de ese pacto, Ferraz nombra una gestora en la que se elimina toda presencia crítica.

El primer paso de la gestora es imponer la candidatura de María Eugenia Limón a la Diputación de Huelva, desoyendo la voz de la mayoría de alcaldes y portavoces que piden que se convoque un Comité Provincial en el que están representados los dirigentes del partido en Huelva.

Los estatutos del partido recogen de manera clara que, si un tercio los miembros del Comité Provincial solicitan la celebración del mismo, este debe convocarse.

Desde la Gestora eran muy conscientes que ese Comité no podía celebrarse. Si la decisión recaía en los militantes en vez de en los nueve miembros de la gestora, Ezequiel Ruiz se impondría con claridad en la votación.

Había que optar por la imposición, para ello se les envío un burofax a todos los diputados provinciales, advirtiéndoles que la candidata oficial era María Eugenia Limón, y que quien no apoyase la resolución estaría desobedeciendo las órdenes del partido. Actitudes muy alejadas del espíritu del 39 Congreso del PSOE, que dio la voz a la militancia.

María Eugenia Limón, finalmente es elegida Presidente de la Diputación en un Pleno Extraordinario. Una vez colocada al frente de la Diputación quedaba el remate final, había que mostrar quien mandaba enla provincia y ajusticiar a todos los díscolos.

Días después se produce una escabechina en la Diputación.

Todos los asesores que se habían mostrado fieles a Ignacio Caballo son llamadas para firmar un nuevo contrato como asesores en la Diputación. Todos los que habían apoyado públicamente a Ezequiel Ruiz no.

Desaparecen como asesores, figuras emblemáticas del PSOE de Huelva, como Pedro Romero, alcalde del Cerro del Andévalo, o Manuel González, un dirigente histórico y muy querido de la comarca de la Sierra.

La imposición triunfa frente al consenso y el acuerdo.

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