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La repetición de elecciones generales quita el sueño a Moreno Bonilla

El presidente de la Junta y líder popular en Andalucía recela de que una nueva convocatoria electoral vuelva a demostrar su debilidad ante las urnas, como ya ha ocurrido tres veces en apenas seis meses

A Moreno Bonilla se le acumula el trabajo. El flamante presidente de la Junta de Andalucía, que no ha demostrado gran cosa al frente de la comunidad, llega al parón de agosto con varios frentes abiertos: la crisis de las dimisiones, las fuertes protestas en el ámbito educativo por la hasta ahora nefasta gestión de su consejero Imbroda o la multiplicación de los problemas en Sanidad, un ámbito en el que hizo muchas promesas y cargó duramente contra el anterior gobierno socialista pero en el que está lejos de mejorar la situación, con más cierre de camas en verano que en años precedentes, la paralización de la televisión gratis o que no se aminore un ápice las listas de espera. El caso es que a este complicado día a día en su gestión se le puede sumar un problema que le quita el sueño, y que no es otro que la cada vez más posible repetición electoral. El presidente de la Junta no quiere oír hablar de esta hipótesis, consciente que puede ‘regalarle’ una nueva derrota electoral y, por ende, menoscabar aún más su crédito como mandamás andaluz.

El asunto no es cualquier cosa. Desde que es presidente andaluz, Moreno Bonilla ha visto cómo el crédito electoral de su partido en Andalucía se ha diluido hasta mínimos históricos, incluso llegando a ser tercera fuerza en la comunidad en unas generales, hecho que ocurrió el pasado 28 de abril, hace apenas tres meses. En esos comicios, los primeros tras las andaluzas de diciembre, el PSOE ganó con mucha holgura en Andalucía, con 24 escaños y el 34% de los votos, recuperando votos desde las andaluzas (con un aumento de la participación). Ciudadanos adelantó por primera vez al PP, ambos con 11 escaños, pero más porcentaje en las filas naranjas, un 17,7% frente al 17,1% cosechado por el partido que en Andalucía lidera Moreno. Estas primeras elecciones tras las andaluzas demostraron ya un primer rechazo de los andaluces a las políticas de las derechas en esta tierra y un castigo que se podía explicar por el pacto alcanzado con la ultraderecha.

No fue sin embargo el único revés electoral que el PP andaluz y Moreno Bonilla han sufrido últimamente. Apenas un mes después, el 26 de mayo, y con motivo de las elecciones municipales y europeas, su partido volvió a cosechar un descalabro. Este baremo que que tomarlo por las elecciones europeas (puesto que es difícil hacer una correlación en las municipales por tener un sentido del voto eminentemente localista y donde no concurren todas las fuerzas políticas presentes en el arco parlamentario andaluz). El 26M, Moreno Bonilla adelantó a Ciudadanos en Andalucía, efecto motivado precisamente por coincidir ambas elecciones y en muchos casos repetirse el sentido del voto en municipales y europeas pero se quedó muy lejos del PSOE, que siguió ganando muchísimo terreno: un 40% de los socialistas frente al 22% de populares.

Con lo anterior, el hoy presidente de la Junta suma nada menos que tres derrotas electorales en menos de un año. Si bien es verdad que la de diciembre le resultó dulce porque gracias al apoyo de la ultraderecha consiguió llegar al gobierno (más un pacto con Ciudadanos, en total tres fuerzas políticas), no hay que olvidar que cosechó uno de los peores resultados de la historia del PP en Andalucía, bajando porcentualmente más votos que ningún otro partido en esas elecciones. Aunque intente obviar el hecho de perder tres elecciones en cinco meses, se trata de algo que pesa como una losa sobre su ya maltrecha credibilidad, aún más, cuando pensaba que estos primeros meses de cambio de gobierno sería una luna de miel y que sin embargo se han convertido en un mar de problemas de gestión y demostración de inexperiencia gubernativa.

En esta tesitura, no son pocos en el PP andaluz a los que, como el propio presidente, les atenaza la mínima posibilidad de que se repitan elecciones generales. El escenario político nacional saltó por los aires cuando a finales de julio no prosperó la sesión de investidura de Pedro Sánchez y se abriera camino para nuevas elecciones el día 10 de noviembre en caso de que el 23 de septiembre no hubiera gobierno. Serían las cuartas elecciones en Andalucía en 11 meses, y las cuartas en las que Moreno Bonilla podría echarse encima una derrota. Demasiado para quién quiere liderar la autonomía. Y los antecedentes tampoco le son favorables, dado que hace escasos días se publicó la primera encuesta del conocido como CIS andaluz, en la que pese a que se denunció la “extrema cocina” para vender una imagen positiva del nuevo gobierno, en la intención de voto se produjo una clara victoria socialista, que mejoraría en varios puntos sus resultados de diciembre de 2018 y que además aventaja al PP en hasta seis puntos. Quizás este puede ser el punto en el que Moreno Bonilla tenga sobre su cabeza la idea de que Pedro Sánchez consiga la investidura. Sólo así se librará de un posible nuevo ridículo electoral.

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