Actualidad

¿Quién se atreve a votar a un partido que no condena la violencia de género?

A la extrema derecha de Vox no le duelen prendas a la hora de reconocer que los crímenes machistas no son una de sus prioridades

Lamentablemente, este titular no es un juego. Ni siquiera un acertijo. Hablamos de una realidad que parece abocada a instalarse en el ideario colectivo de nuestra sociedad. Ha llegado el temido momento en el que la extrema derecha ha asomado la patita en España, y lo hará, si no media remedio, desde la autonomía más de izquierdas del mapa patrio: Andalucía.

Llegados este punto, y ante la inminencia de ir a votar y elegir opción política, cabe preguntarse cómo puede alguien no condenar la violencia de género. Pues así es. Y lo que es peor, aspira a recibir tu voto. A Vox, el partido que pretende enarbolar la bandera de la extrema derecha en España, no le duelen prendas a la hora de reconocer que los crímenes machistas no son, ni mucho menos, una de sus prioridades. Lo anterior se demuestra echando un vistazo a su acta fundacional colgada en su página web, en la que no existe una mínima referencia a esta lacra social que es, ni más ni menos, que la primera causa de terrorismo en nuestro país.

Es ahora, con la acción política responsable plantando batalla a sus ideas radicales de extrema derecha, o lo que es lo mismo, la acusación directa de “machistas” por parte de Susana Díaz y el PSOE de Andalucía, cuando en esta derecha radical melancólica del Franquismo se rasgan las vestiduras. Con total desvergüenza, porque no se puede ser más tajante al respecto de cómo actúan.

No se conoce ni recuerda un crimen de género en el que hayan salido a condenarlo, no han participado en manifestaciones ni protestas por el 25N, no plantean medidas para proveer la igualdad real entre hombres y mujeres, dicen querer luchar contra lo que llaman las “denuncias falsas” asumiendo que las mujeres acusan falsamente a sus agresores y para colmo, su cabeza de cartel en Andalucía es un juez (Serrano) que llegó a ser expulsado de la carrera judicial por violar la Ley modificando régimen de custodias de un menor actuando en favor del padre, prevaricando. Cabe preguntarse, otra vez, si existirá una sola mujer (o un hombre con mínima conciencia) capaz de votar tan primitivos principios. ¿Es que acaso no son machistas? Lo son. Y mucho.

La extrema derecha más acérrima de este país fue también la que se desmarcó de uno de los Pactos de Estado más responsables de los últimos tiempos, firmado en 2017, el que combate la Violencia de Género. Vox lo condenó con dureza, a la caza de ese puñado de voto melancólico de la época en la que España carecía de libertades y el maltrato, en todas sus órdenes, a la mujer, era poco menos que obligado. Son muchos más los motivos que vinculan a este emergente movimiento político con acciones ideológicas censurables que a veces sobrepasan la línea de lo repulsivo. Vox puede ser perfectamente un acrónimo de violencia, odio y xenofobia porque no han demostrado otra cosa. Al respecto de la inmigración, su discurso es tan o más fuerte que contra el feminismo: “no cabemos todos”. No hay un atisbo de humanidad en sus preceptos.

Vox es un peligro. Y el hecho de aspirar a entrar en el Parlamento de Andalucía, en una tierra de izquierdas, Estado de Bienestar y con más derechos ciudadanos de España, se traduce como todo un patinazo democrático del discurso nacional. Sin paños calientes. En su ‘Agenda para el cambio’, también publicado en la página web, Vox anuncia la disolución de las autonomías y un abusivo proceso centralizador, entre otras lindezas.

La descapitalización del PP, acosada por Ciudadanos e incapaz de articular un discurso ilusionante, asediada por críticos más a su derecha, ha posibilitado el auge de un peligroso populismo extremista en nuestro país. Así, los propios populares, escorados hacia la izquierda tras la llegada de Pablo Casado, no solo no está bloqueando su salida de votante rumbo a la extrema derecha sino que les está tendiendo un puente a la hora de imitar sus anuncios, algunos de los cuales “suenan bien”, según admitió el propio Casado. Sin embargo, y pese a todas las voces responsables de nuestra sociedad apelan a mantener a raya esta discurso violento, nostálgico de la dictadura y del odio fuera de las instituciones, PP y Ciudadanos no han sido capaces aún de responder a si estarían dispuestos a pactar con ellos. No todo vale.

La situación es realmente preocupante. Vox, fundado por antiguos miembros populares gana peso en un contexto mundial de polarización ideológica. Hasta el momento, había suficientes motivos para explicar cómo España se había tejido un útil cordón sanitario. Al sur de los Pirineos, bien sea por estar aún frescas y abiertas heridas del Franquismo o bien por valorarse aún el crecimiento en Estado de Bienestar y políticas sociales del desembarco de la socialdemocracia en los 80, se podía decir que estábamos libres de la extrema derecha. Es el momento de que resalte la responsabilidad y conciencia ciudadana. Andalucía es la primera prueba.

Etiquetas
Mostrar más

Artículos Relacionados